Ayer un grupo de personas que está en contra de la construcción de una mega mezquita para los ciento veinte mil musulmanes de la ciudad, se intentó manifestar en Colonia.
Digo que
intentaron manifestarse, porque en realidad no se les permitió, a pesar de contar con todos los permisos y demás papeles en regla.
Para mi vergüenza y la de toda persona de bien, con medio dedo de frente, fueron tachados de FASCISTAS. Y como
perros sarnosos fueron tratados.
Primero, la mayoría de los empresarios hosteleros de Colonia se conchabaron para no atender en sus establecimientos a ninguna persona que se identificara como asistente a esta reunión.
Luego,
la izquierda, y todos sus corifeos verdes, violetas y de todos los colores, convocaron a una
contramanifestación, en la que movilizaron a algunos miles de los suyos, que rodearon totalmente el perímetro y calles adyacentes de Heumarkt, donde iba a tener lugar la concentración de aquellos que protestaban por la construcción de la mega-mezquita.
Rodearon Heumarkt, y se dedicaron a tocar tambores de manera intimidatoria hacia los asistentes, que eran
personas NORMALES, no skinheads neonazis como la prensa se empeña en decir.

Para su propia vergüenza, también la policía tuvo su participación estelar: primero engañó a los asistentes que llegaban ese día, diciéndoles que se presentaran en el aeropuerto de Colonia, donde unos autobuses con custodia policial los iban a llevar al lugar del evento. Craso error, porque allí fueron
retenidos "por cuestiones de seguridad" y no les dejaron salir hasta que terminó el acto. 
Segundo: la policía apostada en Heumarkt y sus inmediaciones estableció una especie de "corralito" en el que los asistentes quedaron encerrados, sin poder entrar o salir nadie de ese perímetro, porque a pocos metros estaban los pretendidos anti-fascistas esperándolos.

El término aplicado por la policía alemana para esa especie de detención o retención que ejercieron tanto en Heumarkt como en el aeropuerto fue el de
"protection custody", algo así como "detención preventiva".
Se dice que asistieron unos 200 "fascistas", y que había unos 40.000 "anti-fascistas" contramanifestándose. Dificultosamente fueran más de 6.000.
"Anti-fascistas" vestidos de negro, con sus cabezas cubiertas con capuchas, usando gafas de sol y cubriéndose la cara con pañueños muchos de ellos, para ocultar su rostro, y amenanzando e insultando a quienes les sacaran fotos.


Pero no estaban contramanifestándose, y no eran antifascistas. Son totalitarios,
émulos de Hitler y Mussolini, unos macarras, verdaderos
"camisas negra" (o chandales negros) que -al igual que Hitler en sus primeras intervenciones "políticas", se dedicaron a REVENTAR un acto legal y legítimo, que deberían haber respetado, aún cuando no les guste.
Pero estos niñatos sin cerebro no entienden ni de democracia, ni de libertad de expresión, ni de duchas, ni de buen gusto, ni de educación. Son... lo que se ve.
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